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Reto 4 – Diario de proceso

Crónica del aprendizaje

 Un itinerario en tres actos

Este curso no ha supuesto para mí una mera acumulación de lecturas, sino una reconfiguración completa de mi identidad como investigador. Al revisar mi Folio, identifico un tránsito claro desde una aproximación fenomenológica hacia una postura política y forense.

En el Reto 1 (Caminos), mi indagación fue ontológica. A través de Paul Klee y mi ejercicio con TouchDesigner, comprendí que la investigación artística tiene la capacidad única de «hacer visible lo invisible». En esta fase, mi interés era poético: traducir vibraciones sonoras en experiencias visuales. Aprendí que el arte produce «pensamiento sensible» (Vilar), distinto del concepto científico.

El Reto 2 (Trayectos) marcó la definición metodológica. Ante la taxonomía de Frayling, aposté por la Investigación A TRAVÉS del Arte, analizando Shine, un proyecto que mostro las virtudes del uso del arte para mostrar una investigación sobre saneamiento e higiene en comunidades rurales. Pero el análisis comparado donde descubrí Forensic Architecture fue el punto de inflexión: descubrí que la tecnología no solo sirve para crear belleza (como pensaba en el Reto 1), sino para producir evidencia legal. Aquí nació mi interés por lo forense.

El Reto 3 (Movimientos) fue la culminación epistemológica y ética. Mi crítica a la «Higiene Visual» de Martha Rosler me llevó a formular una «Ética de la Presencia» donde argumente que el cuerpo no es solo un objeto estético susceptible de explotación, sino un “mapa de cicatrices políticas”. La creación del colectivo Common Ground y el manifiesto Restituting the Real me enseñaron que la certeza teórica individual necesita del cuidado colectivo para ser transformadora y me planteo dudas sobre mi propio argumento validando de este modo el trabajo del colectivo como muestra de auto reflexión.

Impacto en mi práctica artística

La asignatura ha dotado a mi práctica de una columna vertebral teórica que antes no tenía. He dejado de operar por intuición estética para operar por rigor metodológico. Entiendo ahora que mi trabajo no consiste en «crear obras», sino en generar pruebas. La imagen ha dejado de ser para mí un fin en sí mismo para convertirse en un medio de restitución de la realidad. La metodología IBA (Investigación Basada en las Artes) se ha integrado en mi proceso como una herramienta de «rigor sucio»: asumir el error y la huella material como garantías de verdad.

Santiago Torres Soria

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